ESTRABÓN, BIZANCIO Y LOS ATUNES

StraboEl gran viajero, historiador y geógrafo griego Estrabón (Amasia, Ponto, c. 64 o 63 a.C.- 19 o 24 d.C.) es famoso por su magna obra Geografía. Fue buen observador de la fauna marina, y entre ella de los atunes. En su «Geografía de Iberia», llama a los atunes «cerdos del mar» basándose en que «los atunes se nutren de ciertas bellotas de encina rastrera que se cría en el mar; este árbol se da también profusamente en el interior de Iberia». El autor se refería probablemente a un alga llamada «fucus vesiculosus».

En su «Geografía» Estrabón describió el periplo de los atunes desde el Mar de Azov pasando por el Mar Negro hasta Bizancio. El Cuerno de Oro era su última etapa antes de entrar en el Mediterráneo. 

Los atunes entre el Mar de Azov y el Mediterráneo

“El Cuerno, que está junto a las murallas de la ciudad de los Bizantinos, es una ensenada que se extiende a lo largo de 60 estadios hacia el oeste. Se parece a la cornamenta de un ciervo, estando dividido en diversas ensenadas, como ramas de aquella. En ellas se pierden los atunes jóvenes, y son capturados fácilmente debido a su número y a la fuerza de la corriente siguiente y la estrechez de las ensenadas; están confinados tan estrechamente que son capturados incluso a mano.

Bonito

Atún. WikiImages / Pixabay

Estas criaturas se originan en las marismas de Maiotis (Mar de Azov), y, siendo un poco más grandes, escapan hacia su boca (el estrecho de Kerch) en cardúmenes y son arrastrados a lo largo de la costa asiática hasta Trapezous y Pharnakeia. Allí es donde empieza la pesca de los atunes, aunque no es una actividad importante, ya que no han alcanzado su tamaño completo. A medida que pasan por Sinope están más listos para ser capturados y salados.

Cuando han alcanzado el Kyaneai y entrado en el estrecho, una cierta roca blanca en la ribera calcedónica los asusta tanto que cruzan hacia la ribera opuesta, y entonces la corriente se los lleva: y la geografía en ese punto es tal que dirige la corriente hacia Bizancio y su Cuerno, y así son dirigidos de forma natural hacia allí, proporcionado a los Bizantinos y al pueblo Romano unos ingresos considerables.”

Estrabón. Geografía, 7.6.2

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