LA COCINA OCCITANA IDEALIZADA, GRACIAS AL FELIBRISMO

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Occitania histórica (delimitada por la línea roja) y regiones administrativas francesas vigentes (desde 2016). Fuente: Wikipedia, by Jfblanc – Own work, CC BY-SA 4.0

la cocina occitana fue utilizada a mediados del siglo XIX  como objeto de afirmación de identidad cultural y política por parte del felibrismo, un movimiento regionalista francés de la época.

Así pues, en Francia, el movimiento meridional del renacimiento de la cultura de Oc, denominado Felibrige, o felibrismo, fue fundado en 1854 por el escritor provenzal Frederic Mistral.

Este movimiento político-cultural se inscribe en el contexto neo-romántico de “las pequeñas patrias”, y contiene numerosos aspectos críticos con el nacionalismo francés. Como resultado, en lo gastronómico el movimiento pretende cambiar la imagen de la cocina occitana desde una cocina pobre y repelente hacia una nueva visión de “paraíso gastronómico”, recogida en el Festín Occitano, obra de Prosper Montaigné publicada en 1929.

Cassoulet, ejemplo de cocina occitana

Cassoulet del Languedoc. Fuente: Wikimedia. Autor: BrokenSphere [CC BY-SA 3.0]

Así, el felibrismo, en tanto que regionalismo culinario y gastronómico basado en la cultura occitana se manifestará en una abundante producción literaria y en la multiplicación de banquetes regionalistas, llamados “felibradas“. Estos banquetes, también llamados “taulada” o “taulejada“, son reuniones de afirmación identitaria en los que se canta el himno sagrado de los felibres, la Coupo Santo, y se pronuncian los discursos de los organizadores sobre el “estado de la nación”. En consecuencia, los alimentos que se degustan en estos banquetes también participan de esta afirmación identitaria.

Un típico banquete de la cocina occitana

Transcribimos un ejemplo de menú de “una comida occitana”, concebido por Prosper Montagné para una de las asociaciones felibristas, servido en la estación de Lyon de París el 8 de marzo de 1927:

  • La sopa occitana del melsat con guarnición de cortezas gratinadas
  • Un vaso de mas amiel (antiguo granulado de azúcar)
  • El hígado de cerdo de Cévennes a la moda albigense
  • El néctar rosado de Bouchard padre e hijo
  • La brandade al modo de Montpellier
  • Château Mozet 1923
  • El pistache de cordero a la carcassonense con guarnición de “plátanos a la cansalado”
  • Vino de Corbières, cosecha 1919
  • La frisado de capones del Languedoc
  • Gratinado de tomates a la roussillonense
  • El queso de Roquefort
  • Bonnes Mares, cosecha de 1911
  • Las oreillettes (buñuelos) a la toulosana
  • La crema de la ménine
  • El pastel de Limoux
  • Con el Clos de Cheminières y el Champagne Heidsieck Monopole, cosecha 1920
  • El Armagnac des Trouvères

Gracias a las felibradas, la cocina de “las pequeñas patrias” se legitima en el plano cultural. De esta forma, más que hacerle competencia, completa el centralismo de la cocina burguesa nacional, de igual forma que el neo-ruralismo de los notables locales se acomoda finalmente bastante bien con el jacobinismo político. Así pues, este es un claro ejemplo de que la cultura culinaria no es ajena a la cultura política.

Referencias

  • COULON, Christian. “La codina dau país: cocina y regionalismo en el sureste occitano“. En: Letamendia F., Coulon Ch.: “Cocinas del mundo: la política en la mesa”, pp. 79-99. Editorial Fundamentos, Madrid, 2000. ISBN 84-245-0878-5 [Google Books]
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