VINO FENICIO: DE CANAÁN A GADIR, RECALANDO EN CARTAGO

El vino fenicio y la cultura vitivinícola que lo acompañaba, fueron pioneros en realizar la travesía mediterránea entre Oriente y Occidente. Entre los siglos IX-II a.C. los Fenicios trasladaron hacia el Mediterráneo central y occidental su gran dominio sobre la viticultura y la producción de vino. Y también trasladaron su gran consumo.

Hacia finales del siglo IX-principios del VIII a.C. se gestó el asentamiento y creación de las fundaciones fenicias arcaicas por los primeros colonos fenicios. Estos asentamientos requirieron del cultivo local de la vid para aprovisionarse de una bebida consumida en grandes cantidades. El vino para ellos era consustancial a su propia identidad, y llegaba con dificultades desde las polis cananitas.

Ánforas del Museo de Cádiz.jpg
Ánforas de la sala del comercio romano del Museo de Cádiz. Fuente: Wikimendia. Autoría: Jatrobat – Trabajo propio. CC BY 3.0, Link

Con el vino, también viajó el conocimiento: la extensión de la viticultura desde Oriente hacia Occidente

Al principio, los Fenicios hubieron de transportar su propio vino. Pero con el tiempo se hizo necesario cultivar la vid en todos los asentamientos que creaban. Esto permitía producir localmente el néctar especialmente necesario para los ritos y banquetes en honor a sus dioses y a sus muertos.

Viticultura fenicia en Iberia y las Islas Baleares

Existe un acuerdo general entre los expertos sobre el cultivo de la Vitis vinifera en la Península Ibérica. Este estaría conectado con la llegada de los Fenicios en los siglos IX-VIII a.C. Restos arqueológicos diversos (ánforas, copas con inscripciones fenicias) hallados en un yacimiento de la ciudad antigua de Huelva parecen apuntar en esa dirección. Las piezas de vajilla fina carinada y las copas globulares procedentes de la tierra de Fenicia y del Ática y los platos de Eubea sugieren la extensión de las costumbres ceremoniales entre las élites locales. El consumo de vino desempeñó entre estas élites un papel central.

Viticultura en época púnica en Iberia y las Islas Baleares

De igual forma, los territorios orientales y meridionales de la Península Ibérica y las Islas Baleares que estuvieron más tarde (a partir del siglo IV a.C.) dominados o ubicados en las regiones de la órbita comercial cartaginesa nos muestran en la actualidad restos materiales relacionados con la producción de vino. En muchos yacimientos fenicio-púnicos se han encontrado indicios del cultivo de Vitis vinifera. Destacan los alrededores de las ciudades de Cádiz, Málaga o Almería. Son apreciables además en El Castellar (Murcia), Denia, El Campello y Orihuela (Alicante), Liria (Valencia) o la propia isla de Ibiza. También cabe señalar la excavación del pecio de El Sec. Esta nave cartaginesa hundida en las proximidades de la costa mallorquina en el siglo IV a.C. contenía, junto con un cargamento bastante diversificado de cerámicas, numerosos sarmientos de viñas.

Otros territorios que estuvieron dominados por los cartagineses o que estuvieron enmarcados geográficamente dentro de las regiones ubicadas en su órbita comercial sí que han ofrecido restos materiales relacionados con la producción de vino. Estos territorios presentan abundantes indicios de la existencia de un trasiego comercial constante con la metrópolis púnica. El caso de la Península Ibérica es uno de los más evidentes; pensemos por un momento en el Alt de Benimaquía (Denia, Alicante) o en las posteriores estructuras ibéricas de Monravana (Liria, Valencia), el Castellar (Librilla, Murcia), La Illeta dels Banyets (El Campello, Alicante) con sus lagares similares a los de las Cumbres o Los Saladares (Orihuela, Alicante). También cabe señalar la excavación del pecio de El Sec. Este bajel cartaginés hundido en las proximidades de la costa mallorquina en el siglo IV a.C. contenía, junto con un cargamento bastante diversificado de cerámicas, numerosos sarmientos de viñas.

El simbolismo del vino en la cultura fenicio-púnica

El panteón fencio-púnico es un canto a los dioses de la tierra. En lo alto está el dios El. Y luego, Melqart y Astarté. Dioses que son a la vez terribles y vivificadores.

De la importancia del vino en la cultura fenicia da fe el hecho de que su antigua poesía y sus epopeyas ugaríticas lo mencionaban elogiosamente. Así, los Rapiuma de Ugarit y otros textos poéticos y épicos fenicios presentan el vino de Líbano (fundamentalmente el de Biblos) como elección y donación al pueblo por parte de su dios El. Consideraban este vino una ofrenda apta tanto para dioses como para reyes. Esto fue probablemente un factor que incrementó su valor comercial en el mundo antiguo.

El vino es central en la cultura fenicia y en todas sus colonias mediterráneas. Esto se debe tanto a su valor nutricional como a su carga simbólica, relacionada con cultos y rituales. Aunque su color y textura asemeje a la sangre, a diferencia de ésta, que es producto de un sacrificio, de la muerte, el vino es para los fenicios obra de la naturaleza, y por tanto surge de la vida. Esta cualidad vivificadora lo convierte en una ofrenda excepcional, junto al agua, para los rituales funerarios y como artículo de lujo, en los ritos de ofrenda tradicional a los dioses.

El papel del vino en la liturgia funeraria fenicio-púnica

El vino para la liturgia funeraria fenicio-púnica es un vehículo directo de comunicación entre este mundo y el Más Allá. Esto es, entre el mundo real y el de los dioses y difuntos. Y su consumo ritual se hace en el contexto del banquete. En estos banquetes colectivos se hacen libaciones y sacrificios de animales. «Se come carne y se bebe vino», a veces hasta que los celebrantes llegan a un estado de ebriedad. Ebriedad entendida como estado cercano al trance.

Estas prácticas, que en origen se desarrollaban en la tierra cananita original del Levante mediterráneo, se extendieron por toda la ecúmene fenicio-púnica, y llegando ya desde el siglo IX a.C., hasta las tierras del extremo más occidental, donde se yerguen las columnas de Heracles, en la zona del Estrecho de Gibraltar, constituidas por el Calpe (el Peñón de Gibraltar) y Abyla, la montaña más al norte de Marruecos. Más adelante, durante el período púnico, arraigaron con fuerza en Cartago (en la actual Túnez), en honor a la diosa Tánit, la llamada «Madre Mediterránea» a partir del siglo VI a.C.

Tanit MuseuArqueologiaBarcelona.JPG
Estatua de Tanit hallada en la isla de Ibiza. Museo de Arqueología de Cataluña en Barcelona. Fuente: Wikimedia. Autoría: Sdanir – Trabajo propio. CC BY-SA 3.0, Enlace

 

Todavía hoy se busca el mayor templo erigido en el Mediterráneo al dios Melqart, que recientes investigaciones apuntan a que se construyó en San Fernando (Cádiz). Prácticas que se mantuvieron vivas incluso hasta el siglo II a.C. y con posterioridad, ya bajo el dominio del Imperio Romano.

 

Melqart divinizado como el dios Osiris, Museo de Cádiz.jpg
Estatuilla (675-601 aC), bronce marrón, de la divinidad Melkart , tocado con la corona del alto Egipcio ( Atef ), atributo del dios Osiris . Posible ofrenda o exvoto del templo de Melqart en Gadir, islote de Sancti Petri, encontrado en este lugar. Fuent: Wikimedia. Autoría: Jl FilpoC – Trabajo propio. CC BY-SA 4.0, Link

 

Deja un comentario