Los padres del concepto «dieta mediterránea» eran norteamericanos
Las primeras referencias científicas a una dieta mediterránea son del año 1948, cuando el epidemiólogo Leland G. Allbaugh estudió el modo de vida de los habitantes de la isla de Creta y, entre otros aspectos, comparó su alimentación con la de Grecia y EE UU. Por su parte, el fisiólogo norteamericano Ancel Keys, que encabezó un estudio sobre las enfermedades coronarias, el colesterol de la sangre y el estilo de vida de siete países (Italia, Yugoslavia, Grecia, Países Bajos, Finlandia, EE UU y Japón) tras la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a su difusión. Keys y sus colaboradores apreciaron que la incidencia de las enfermedades coronarias era menor en las zonas rurales del sur de Europa y en Japón. Sospecharon que había un factor protector en el estilo de vida, que etiquetaron como «manera mediterránea» (mediterranean way). Describieron este estilo de vida como «muy activo físicamente (por la escasa mecanización del campo), frugal, y con una ingestión predominante de productos vegetales y reducida en productos de origen animal». La posterior difusión de sus resultados asimiló el concepto de «estilo mediterráneo» con el de «dieta mediterránea«.
El verdadero origen de los productos mediterráneos
Para ser honest@s, de los productos que definen lo que llamamos la dieta mediterránea, prácticamente ninguno es originario de las riberas del Mediterráneo. Esto es de aplicación a los tres ingredientes principales que la componen.
En primer lugar, la cebada, el trigo y otros cereales son oriundos de las planicies del Oriente Próximo, de donde proceden probablemente también las elaboraciones más tradicionales, como las hojas finas de pasta que han tomado el nombre de las hojas de los árboles: Phyllo (hoja).
Por otra parte, el olivo, planta símbolo del área mediterránea, llegó del Asia Menor, traído por los Pelasgos, los Hititas o los Sumerios o tal vez por otros pueblos todavía más antiguos que lo conocían y lo usaban inicialmente para fines no alimentarios.
Y finalmente, la vid, de cuyos frutos se obtiene el vino, que aquí ha prevalecido sobre la cerveza y ha hecho famosas estas costas, es una planta que tiene su origen en las llanuras a los pies del Cáucaso.
En esa misma consideración, a estos tres ingredientes habría que sumarles la mayor parte de las legumbres (lentejas, guisantes, garbanzos, …), frutas (naranjas y cítricos, granada, higos, dátiles, uva, etc.) y hortalizas (patata, pimiento, tomate, berenjena, …), así como especias y condimentos (azafrán, pimienta, azúcar, ….) que forman parte imprescindible de múltiples platos genuinamente mediterráneos; ingredientes estos procedentes ya sea de Asia, la zona del Índico, África o bien de América. Únicamente el pescado y carnes de animales pueden considerarse completamente oriundos de la región del Mediterráneo.
La tríada virtuosa
El trigo – El pan

La vid – El vino

El olivo – El aceite de oliva

El papel de los otros alimentos
Consumo elevado de pescado y marisco
Predominancia de las carnes blancas sobre las rojas

Legumbres: aduladas pero rechazadas

Verduras y hortalizas: ¿consumo en descenso?

Frutas: más de lo mismo

Condimentos: el broche a la imagen de marca

Baruffi, Renata. Mediterraneo – in viaggio tra storia e gastronomia. Renata Baruffi (ed.), 2013


nsumo. Entendida en un sentido amplio, deberíamos incluir las operaciones previas de conservación, almacenaje, y preparación de los artículos que entran en la elaboración de los platos. Y también habría que considerar las operaciones posteriores a la mesa como el reciclaje de los restos. Aun más, pretendemos incluir otros aspectos relacionados con la alimentación humana, su pasado y su presente.
Los olivares Hispanos fueron reconocidos productores de aceite para la metrópoli. Así, el aceite de la Bética era considerado por algunos autores mejor y más barato que el recolectado en Italia. Ocupaba el segundo puesto después del de Italia, rivalizando en calidad con el procedente de 